Pregúntale al polvo

¡De modo que alli era donde vivia! Olí el lugar, lo toqué con las manos, lo recorrí con los pies. Era como me lo había imaginado. Era su casa. La habría reconocido con los ojos vendados porque estaba impregnada del olor de la joven, cuya existencia febril y sin rumbo la elevaba a la categoría de parte de un plan sin futuro. Un piso de Temple Street, una casa de Los Ángeles. Camila pertenecía a las colinas onduladas, a los desiertos anchurosos, a los montes elevados, habría destrozado cualquier piso, habría llevado la destrucción y la ruina a cualquier celda carcelaria del talante de aquella. Asi era, en mi imaginación por lo menos, siempre dentro del concepto que yo tenia de ella. Y aquella era su casa, su destruccion, su fantasía desarticulada.”

Spanish Harlem

Yo debería amarme en el suburbio de esos arrabales. Allá en la esquina más recóndita en el rincón más convexo d mis entrañas.

En la mirada esquiva que se detiene en un punto fijo o se distrae con otra cosa para no decir algo que agrie el aliento del mundo exterior.

No entiendo como se desprende petróleo de estos dedos.

Que es lo que podría ver si lo viera todo distinto:

Un amor propio tan exquisito y filoso // que desafia y no te miente// cómo está luminosidad a media sonrisa que nos inventamos para hacer de cuenta que no estamos tan solos.

Ya no me preocupa porque a este mundo lo amo con sus grises y medios tintos

Deberías aprender a sonreir cuando cae la noche sobre tu cuerpo y sobre tu mirada y cuando te extasía también un dia exquisito.

Mendoza y Joaquín Sabina

Hay cosas, lugares y momentos y personas que no creo que vuelva a ver en mi vida. Y hay situaciones que no comentaría con nadie, porque pasaron y ya.

Espacios donde fui feliz anónimamente, descripciones que no vale la pena hacer cómo salir a un jardín con vista a la sierra y que te golpee un viento frío, cerrarse el abrigo y sentirse bien. Levantarme y mientras me lavo las manos, mirar por la ventana del baño e inhalar el aire fresco de la mañana.

Encontrar el vino que le iba bien a esa tarde o el aliento a café en la garganta que perdura mientras un auto avanza por la ruta.

La foto espontánea que sale bien, los locales cerrados y los almacenes de pueblo con precios baratos y delicias caseras.

Los pies llenos de barro, la bici esquivando acequias.

Mirarse en el espejo de un baño sabiendo que está es una excelente noche.

Corrió una óptima energía y nos hicimos promesas de viajes sabiendo que no íbamos a volver a vernos.

One more cup of coffe

Un puente se alzaba sobre la ciudad de

Nueva York un día nublado. “Acorde, Anto, acorde.” Abrí los ojos y mire por la ventanilla, de km de bosques y estaciones de servicio aparecía gente de todo tipo caminando rápido, andamios y montones de edificios. No me daban abasto los ojos. No hay palabras para describir que un auto se esté metiendo en una película. Tenía 20 años y varios discos de Dylan y Los Doors en la cabeza.

Estos días sentí necesidad de volver (y porque me empezao a llegar través de sueños)a un lugar que deje antes de ese 1er viaje. A una cena sencilla cuando no hacían falta tantas cosas. El sueño es

más o menos parecido, cenamos y conversamos. Me siento bien. En ese tiempo quería tener hijos, todo tenía sabor a nuevo y a ingenuo y creía en el amor para toda la vida. Me despierto con ganas de llorar y con la sensación de que se me perdió algo. Son espacios que no podría volver a habitar porque esa yo ya no existe, ni tengo 20 años, ni siquiera en esa casa debe vivir la misma persona. El tiempo pasó. Me persigue esa sensación, y un calendario que no sabe a dónde ir, y por el momento, no tiene a donde.

Se abrieron un millón de puertas, pero hay una paz que nunca recuperé.

Pantanos en Virginia, camino a Ny. Febrero de 2011

Poesía urbana chatarra

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Si te borre de Ig,

¿Cómo me vas a hablar?

¿Hay lugar en tu depto?

No dice nada tu red social

En mi nube está tu cuerpo

La ventana con vista a otra pareja que si la sabe llevar

Será que como nosotros vienen y va?

¿Porque no podemos nada más que estar?

A ver qué hay en Netflix, mejor no pensar

O canto dessa cidade é meu

La noche de Lapa. Casonas antiguas con rodas de samba adentro, la gente cantando a los gritos, bares y mesas repletos ocupando todas las veredas. El funk a todo volumen. Las paredes llenas de grafittis. La caipirinha sale 5 reales en cualquier puestito y te sentas en los arcos de Lapa a comer un espetinho o una feijoada. A la gente en Brasil le encanta conversar de cualquier cosa y pasarse horas en el bar. Las latas brillan sobre la mesa y se van acumulando a medida que avanza la noche. Los brasileños son también gente cálida que cuando te saluda te abraza, anda en ojotas a todos lados y si le caes bien te invita una (o varias) cervezas aunque no te conozca. Todavía no conocí una ciudad más bohemia en el mundo que Río.

Brasil

Mis saudades desse país onde aprendí a falar portugués como se fosse uma criança

Puede que este tiempo le falte memoria porque no es de agrado recordar. Es probable que entonces surja algo, un fenómeno que desafie la gravedad, y no se pueda hacer nada al respecto más que dejarse llevar.

IMG-20190820-WA0013.jpegQue entre cada línea de cada arruga de mis dedos, sobrevenga un interrogante y yo no sepa darle explicaciones.

Que con un chasquido de lengua, le pongamos pausa a un pensamiento incomodo para seguir con la rutina.

Que sea viernes, y junte polvo tu mejor vestido.

Hoy no estoy a la altura de la belleza de este mundo.

Vibrar a tu tono y a tu frecuencia, pero vibrar. “Cada noche una luna nueva, en algunas hicimos el amor.”

Estos son días con aroma a verbena y sol incandescenteIMG-20190817-WA0033.jpgComo quien sabe que de un salto voraz va a encenderse con las estrellas y al caer suavemente lo hara sobreun colchon claro y mullido.